De siesta en siesta. Una apología de la siesta en un Pummba.

De siesta en siesta. Una apología de la siesta en un Pummba.

16:45PM, es sábado, el sol se filtra cálido y amable entre las cortinas del salón, una mota cósmica de polvo suspendido en el aire lo pone en evidencia y descansa en tu mirada, pones play en un playlist de fin de semana, ¿tocaba limpiar? no lo recuerdas, da igual, la música invade los rincones de tu casa, lo inunda como un río manso y paciente y se acompasa con tu ánimo, coges un libro, al fin tienes tiempo para leer, al fin tienes tiempo para ti, te recuestas en tu Pummba, sientes que el mundo en tus espaldas se desvanece, te remueves un poco, como un gato al sol, el sofá es ancho como la palma de un gigante, abres el libro y retomas donde lo dejaste hace unos días, vuelves una página para recordar qué ocurría, haces tu propio previously on..lees unas páginas y te quedas dormido. Bienvenido a tu siesta sorpresa.


Breve historia de la siesta

(Todos los caminos conducen a…)

Ahora ya no eres tú, o, solamente tú, eres todos los seres de la tierra que la han habitado siglos atrás, te atraviesa el tiempo, la geografía y la historia y te conviertes en un ser primitivo, sin complejidades, la siesta existe desde que existimos y seguirá existiendo si la tomamos como el placer sublime que es, como todos los placeres que surgen porque sí, sin necesitarlos, al menos no en un sentido utilitario.

La palabra ya es indicativa de “Qué, cómo y cuándo”, la siesta se institucionaliza en el imperio romano y su origen etimológico hace referencia a la sexta hora del día, momento en el que la temperatura subía demasiado y los trabajadores necesitaban tomarse un descanso para poder retomar sus tareas al atardecer. La costumbre se fue expandiendo y tomando la forma según la cultura de cada pueblo, convirtiéndose en algunos lugares en un hecho casi religioso ¿O no veneras a tu sofá un sábado o un domingo por la tarde?


Tutorial práctico para el buen siestero

La siesta no tiene principio o fin reglamentado, no admite despertadores ni burocracias plomizas, sucede en el cuerpo y la mente del modo más simple: nos dormimos, nos despertamos. Pero cuando sabes lo que haces, todo está preparado para vivir ese placer no planificado.

Comienza por orientar tu sofá (sí, la siesta es en el sofá) de tal modo que a ciertas horas de la mañana y de la tarde, puedas tener un poco sol tenue en la cara o en alguna parte del cuerpo, el sol tiene un poder balsámico, seguro ya lo sabes.

Reorganiza los módulos de tu Pummba o añade un reposapiés para expandir la zona de descanso (si tienes suerte, quizás se sume alguien y tengas que hacerle hueco).

Ahora elige alguna actividad, lee, busca una serie en tu tv, ponte un podcast en el móvil y luego haz como si es eso realmente lo que necesitas. Cuando el sueño te alcance, resiste un poco (en algunos paises le llaman dar cabezadas) pero solo un poco, persiste en tu actividad un minuto o dos más y verás que el sol, la hora, el sofá y el aire fresco de su salón se aliarán a tu favor y te entregarán manso al dulce sueño.

Y eso es todo.


¿Por qué el sofá y no la cama?

Dejamos para el final lo más importante: ¿dónde hacer la siesta perfecta?

Como el placer no planificado que es, la siesta merece un lugar propio, en tu cama ya sabes para qué te acuestas después de un día largo y complicado, es el lugar predeterminado para dormir, es lo que esperas que suceda, pero en el sofá puedes hacer muchas cosas, cosas que quieres hacer y que pueden convertirse en la antesala del descanso, en el sofá la siesta te toma desprevenido y eres más consciente de su disfrute. De algún modo, la siesta es la rebeldía del sueño y sucede solo cuando tiene que suceder, revela que tu cuerpo está relajado y aún sabe cómo marcarte el paso o, en este caso, el sueño.

¡Que la disfrutes!